Que susto me diste. Sentí que el corazón se me paraba de golpe. Que el aire estaba más frío de lo normal. Que las manos me temblaban y mi cerebro no carburaba bien.
Todavía no estoy bien. Tengo miedo de haber estado tan cerca de haberte perdido para siempre. Eres todo para mí, la única persona en esta vida que jamás me va a fallar. Y sin embargo, ayer me di cuenta de que no vas a estar aquí para siempre. Va a llegar un día en que yo coja el teléfono para llamarte y tu no vas a contestar. En que tu voz no va a ser más que un recuerdo, tus abrazos una memoria y tus consejos un algo lejano, perteneciente a días que ya fueron y no serán más.
Eres finita. Y ayer se me hizo aún más realista este concepto. Es tan delgada la línea entre la vida y la muerte que a veces se me hace invisible. A veces la ignoro, supongo que no de forma inconsciente, sino al contrario. Quiero ignorarla porque no puedo tolerar la idea de que cada día que pasa, tú estás envejeciendo.
Me veo en ti un poquito día a día. Somos iguales. La terquedad, el mal carácter, la inteligencia de mente y la estupidez de corazón. Me enseñaste a amar los boleros, a adoptar perros, a apreciar un libro, a ver el tenis de forma religiosa, a darle ayuda al que lo necesita y a nunca pero nunca darme por vencida, aunque esa sea la salida fácil. Me has sabido apoyar aunque no me entiendes del todo. Le dices que sí a todo aquello que me haga feliz, aunque a ti te deje confundida. Que si la literatura es una pérdida de tiempo, que si periodismo no paga bien, que si el novio no es lo que tu te mereces. Que si esa ropa es muy oscura, ponte algo más colorido, que si el fleco te tapa los ojos, que si no caminas derecha se te va a hacer más barriga. Todas esas inconformidades se esfumaban en el segundo en el que yo sacaba una sonrisa.
Eres la mejor persona que he conocido, además de mi abuelo. Tienes el corazón más enrome del mundo. Eres bondad en cuerpo y alma. A veces eres terrible. Dios mío, que peleas nos aventábamos hace unos años, causadas porque las dos tenemos que tener la razón siempre. Eres fuerte. Más fuerte de lo que yo voy a ser en mi vida. Y te admiro cada día más. Entre más te veo, te idealizo menos, pero te admiro más. Estoy consciente de tus fallas y las mías, pero he aprendido a verte más allá de todo.
Te amo ma. Quédate otro ratito conmigo, que si te pierdo en serio se me pierde el rumbo.