Te veo de lejos pero no me atrevo a acercarme. Me intimida no sólo tu físico atractivo, tus tatuajes o tus ojos, sino tu intelecto hambriento y tu talento a punto de estallar. No me queda más que qudarme sentada, escuchándote cantar o recitar líneas de alguna composición tuya, mientras envidio cada palabra que sale de tu boca.
Pocas veces he deseado tanto a alguien. No es sólo un deseo carnal; no es que me baste solamente coger contigo. Es un "brain fuck", no encuentro otra forma de describirlo. Las pocas veces que hemos hablado se han quedado muy grabadas en mi mente. Te conozco poco y aún así te he contado cosas que no sabe mucha gente cercana a mi. Siendo honesta, me inspiras. No eres Calíope, Euterpe o Terpsícore, no lleguemos a tanto. Pero me encanta lo que dices y haces, lo que eres y representas.
Eres mucho de lo que no me atreví a ser. Soy muy cobarde por naturaleza, pienso mucho de más y siempre me falta dar ese pedacito extra. Tú no. Tú llegas y agarras el mundo y te lo comes de una mordida, siempre quedándote con hambre de ver otros planetas. Y eso es lo que me encanta de ti.
Me da gusto que estés lejos, muy lejos, porque si te tuviera cerca sé que correría el riesgo de quererte y no desearte. Es más fácil así.
"Al andar se hace camino
y al volver la vista atrás
se ve la senda que nunca
se ha de volver a pisar.
Caminante, son tus huellas
el camino y nada más".
Antonio Machado
y al volver la vista atrás
se ve la senda que nunca
se ha de volver a pisar.
Caminante, son tus huellas
el camino y nada más".
Antonio Machado
7.11.11
7.10.11
P
¿Por qué?
Buena pregunta. Me la hago constantemente y con un gran número de variaciones distintas.
¿Por qué fueron años?
¿Por qué seguir, si a veces me dolía?
¿Por qué no me apreciaste?
¿Por qué no me cuidaste mejor?
¿Por qué (seamos honestos), te valió madres?
¿Por qué te tengo tanto rencor?
Y la más importante de todas, ¿por qué te sigo escribiendo? ¿Por qué?
Buena pregunta. Me la hago constantemente y con un gran número de variaciones distintas.
¿Por qué fueron años?
¿Por qué seguir, si a veces me dolía?
¿Por qué no me apreciaste?
¿Por qué no me cuidaste mejor?
¿Por qué (seamos honestos), te valió madres?
¿Por qué te tengo tanto rencor?
Y la más importante de todas, ¿por qué te sigo escribiendo? ¿Por qué?
11.9.11
O
Vuelvo a inaugurar mi blog (después de más de cinco meses de no escribir) con algo más personal que de costumbre. Siguiendo con el abecedario que VOY a terminar, al menos antes de que se acabe este año, hoy toca hablar de olvidos.
Día a día me pregunto sutilmente si ya me olvidé de ti. No es un pensamiento que me carcoma por dentro ni que me impida vivir. Es simplemente una pregunta que surge en momentos de nostalgia. Un pensamiento que sale cuando me da por invocar el pasado, y al traer de pronto ese ayer a hoy es cuando sales tú.
Creo firmemente que si olvidarte fuera un camino, ya voy a más de la mitad. Mi verano me ayudó a dar pasos agigantados en ese proceso de sanación largo y tortuoso. Necesitaba un lugar nuevo, vibrante, que no me hiciera pensar en ti y que me abriera puertas a otras experiencias y personas. Y eso fue justo lo que tuve por dos meses: una oportunidad de descubrir una parte de mí que no conocía. La parte que puede seguir adelante sin que tú seas parte de ella.
Y finalmente, después de años, ya no somos nada. Ahora si ya no queda la más mínima duda al respecto. Ya no nos andamos con estupideces de "estamos pero al mismo tiempo no". Ahora sí ya no sé nada de ti ni espero saberlo. Este último rato en que me llegaban tus correos era como si estuvieras echandole más sal a las heridas que yo necesitaba desesperadamente cerrar. Y fue finalmente eso lo que me hizo, después de años, tener el valor suficiente para decirte que ya no te quiero más. Que ya no te necesito, que mi vida sin ti sigue siendo vida, que soy más fuerte de lo que creí y que me puedo valer por mi solita. Y lo más importante: que soy feliz. Muy feliz, más de lo que había sido en bastante tiempo contigo. El no necesitarte más me hizo empezar mi vida de nuevo. Una vida que es más independiente que antes. Ya por fin puedo vivir en Indiana sin estar pegada al teléfono esperando que me llames, o enfrente de la computadora viendo a quien le escribes, esperando lentamente que me lastimes otra vez.
Sí, hasta en el amor cualquier invierno pasa.
Día a día me pregunto sutilmente si ya me olvidé de ti. No es un pensamiento que me carcoma por dentro ni que me impida vivir. Es simplemente una pregunta que surge en momentos de nostalgia. Un pensamiento que sale cuando me da por invocar el pasado, y al traer de pronto ese ayer a hoy es cuando sales tú.
Creo firmemente que si olvidarte fuera un camino, ya voy a más de la mitad. Mi verano me ayudó a dar pasos agigantados en ese proceso de sanación largo y tortuoso. Necesitaba un lugar nuevo, vibrante, que no me hiciera pensar en ti y que me abriera puertas a otras experiencias y personas. Y eso fue justo lo que tuve por dos meses: una oportunidad de descubrir una parte de mí que no conocía. La parte que puede seguir adelante sin que tú seas parte de ella.
Y finalmente, después de años, ya no somos nada. Ahora si ya no queda la más mínima duda al respecto. Ya no nos andamos con estupideces de "estamos pero al mismo tiempo no". Ahora sí ya no sé nada de ti ni espero saberlo. Este último rato en que me llegaban tus correos era como si estuvieras echandole más sal a las heridas que yo necesitaba desesperadamente cerrar. Y fue finalmente eso lo que me hizo, después de años, tener el valor suficiente para decirte que ya no te quiero más. Que ya no te necesito, que mi vida sin ti sigue siendo vida, que soy más fuerte de lo que creí y que me puedo valer por mi solita. Y lo más importante: que soy feliz. Muy feliz, más de lo que había sido en bastante tiempo contigo. El no necesitarte más me hizo empezar mi vida de nuevo. Una vida que es más independiente que antes. Ya por fin puedo vivir en Indiana sin estar pegada al teléfono esperando que me llames, o enfrente de la computadora viendo a quien le escribes, esperando lentamente que me lastimes otra vez.
Sí, hasta en el amor cualquier invierno pasa.
9.4.11
N
Odio las matemáticas.
Mucho.
Los números y yo somos como agua y aceite desde que tengo memoria (excepto tal vez en kinder… creo que contar cuadritos y figuritas todavía no era tortuoso para mí). No sé cual fue el momento exacto en que regresé de la escuela y dije "Al carajo con esto, odio odio odio las matemáticas" porque llevo tanto tiempo sintiéndome así que mi recuerdo de ese instante esta fuzzy.
Hay muchas teorías de porque detesto las mates:
1. Nunca he tenido un buen maestro de matemáticas.
No sé que tan cierto puede ser, ya que he tenido de verdad una cantidad bestial de profes de mate, todos con métodos e ideas distintas. Y nunca me pasó con otras materias. Toda mi secundaria tuve maestros terribles (TE-RRI-BLES, en serio no exagero) de literatura, y eso no impidió que fuera mi materia favorita por mucho tiempo. En prepa, tuve 2 semestres a Paty como maestra de historia y eso no quitó mi interés por la materia (tal vez mi entusiasmo por ir a clase si… pero era Paty). El punto de todo esto es que no creo que sean los maestros la causa de mi aberración a los números, pero aún así es una teoría algo factible.
2. No le invierto sufuciente tiempo / No pido ayuda / Soy una huevona
Falso y cierto. Si le he llegado a invertir mucho tiempo a las tareas (en especial ahorita en la universidad), si he ido a asesorías, grupos de estudio y con profesores particulares y si, soy una huevona, pero de verdad me he llegado a esforzar en ello. Hubo veces en prepa que de verdad salía de clase semi-llorando porque me sentía idiota por no entender lo que los demás si, y por más asesorías que tomara con el buen polaco, de verdad todo era igual o peor.
3. Simple y sencillamente no se me da ni se me dará nunca.
Probablemente la mejor opción, a pesar de que no tiene causa aparente. Hay cosas para los que somos buenas y otras para lo que no. Tengo buena memoria pero no sirvo para jugar volleyball, por ejemplo (o cualquier deporte, en caso de que a alguien le interese). Matemáticas es probablemente una materia con la que voy a seguir luchando el resto de mi vida, simplemente porque no soy buena en eso.
A pesar de todo esto, a los números y a mi nos queda un largo camino por recorrer. Al mal tiempo, buena cara. Llegara pronto el día en que nos digamos adiós.
Mucho.
Los números y yo somos como agua y aceite desde que tengo memoria (excepto tal vez en kinder… creo que contar cuadritos y figuritas todavía no era tortuoso para mí). No sé cual fue el momento exacto en que regresé de la escuela y dije "Al carajo con esto, odio odio odio las matemáticas" porque llevo tanto tiempo sintiéndome así que mi recuerdo de ese instante esta fuzzy.
Hay muchas teorías de porque detesto las mates:
1. Nunca he tenido un buen maestro de matemáticas.
No sé que tan cierto puede ser, ya que he tenido de verdad una cantidad bestial de profes de mate, todos con métodos e ideas distintas. Y nunca me pasó con otras materias. Toda mi secundaria tuve maestros terribles (TE-RRI-BLES, en serio no exagero) de literatura, y eso no impidió que fuera mi materia favorita por mucho tiempo. En prepa, tuve 2 semestres a Paty como maestra de historia y eso no quitó mi interés por la materia (tal vez mi entusiasmo por ir a clase si… pero era Paty). El punto de todo esto es que no creo que sean los maestros la causa de mi aberración a los números, pero aún así es una teoría algo factible.
2. No le invierto sufuciente tiempo / No pido ayuda / Soy una huevona
Falso y cierto. Si le he llegado a invertir mucho tiempo a las tareas (en especial ahorita en la universidad), si he ido a asesorías, grupos de estudio y con profesores particulares y si, soy una huevona, pero de verdad me he llegado a esforzar en ello. Hubo veces en prepa que de verdad salía de clase semi-llorando porque me sentía idiota por no entender lo que los demás si, y por más asesorías que tomara con el buen polaco, de verdad todo era igual o peor.
3. Simple y sencillamente no se me da ni se me dará nunca.
Probablemente la mejor opción, a pesar de que no tiene causa aparente. Hay cosas para los que somos buenas y otras para lo que no. Tengo buena memoria pero no sirvo para jugar volleyball, por ejemplo (o cualquier deporte, en caso de que a alguien le interese). Matemáticas es probablemente una materia con la que voy a seguir luchando el resto de mi vida, simplemente porque no soy buena en eso.
A pesar de todo esto, a los números y a mi nos queda un largo camino por recorrer. Al mal tiempo, buena cara. Llegara pronto el día en que nos digamos adiós.
7.4.11
M
Todos los que me conocen bien saben que tengo una obsesión medio intensa con la mitología griega (misma que me llevó a muchas discusiones con mi ex-profesora de literatura en segundo semestre). La forma en la que empezó este gusto por los griegos no fue nada meramente profundo ni life changing. De hecho, fue gracias a Disney (risas aquí, porfavor). Vi la película de Hércules y me encantó (hasta el día de hoy sigue estando en mi top 5 de películas animadas infantiles favoritas), y fue ahí donde me entró el gusanito de la curiosidad. Quienes eran Zeus y Hera, si Filoctetes esto o Hades aquello. En serio los personajes maracaron mucho mi niñez y el inicio de este interés que hasta el día de hoy se mantiene firme.
¿Qué me gusta tanto de los griegos y su mitología? Buena pregunta. Me encantan las explicaciones medio fumadas y poéticas que le dan a varios fenómenos naturales que nosotros vemos como cosas muy banales o sin chiste (como surgieron el girasol, el eco, los arcoiris o las estaciones), y también como sus dioses son lo más humano y maravilloso de este mundo. Tienen miles de fallas, se dejan llevar por sus instintos, por sus deseos y la riegan constantemente. Me encanta como en catecismo te enseñan (al menos a mí) una y otra vez como Dios creó al hombre a su imagen y semejanza y en los griegos es exactamente el opuesto: ellos crearon a sus dioses a la imagen precisa de los humanos.
Los griegos fueron una civilización con creencias muy pasionales acerca de la vida y la muerte. La forma en la que presentan el "afterlife" siempre me ha fascinado. La idea de que te entierran con una moneda debajo de la lengua para que le pagues a Caronte, el barquero, o que exista un perro de tres cabezas cuidando la entrada, y que tu alma sea juzgada para ser mandada al lugar de los castigos, los campos gamonales o el Elíseo es impactante. Me emociona poder ver todo lo que creían, todo lo que sabían desde hace millones de años, y lo mucho que las siguientes civilizaciones se basaron en ellos.
He sido muy afortunada en la vida, y he tenido la oportunidad de conocer landmarks históricos y lugares increíbles. Sin embargo, sé que ir a Grecia va a ser un breakthrough en mi vida. No dudo que cuando vea el Partnenón por primera vez, se me va a salir una lagrimita de emoción por todo lo que representa para mí.
¿Qué me gusta tanto de los griegos y su mitología? Buena pregunta. Me encantan las explicaciones medio fumadas y poéticas que le dan a varios fenómenos naturales que nosotros vemos como cosas muy banales o sin chiste (como surgieron el girasol, el eco, los arcoiris o las estaciones), y también como sus dioses son lo más humano y maravilloso de este mundo. Tienen miles de fallas, se dejan llevar por sus instintos, por sus deseos y la riegan constantemente. Me encanta como en catecismo te enseñan (al menos a mí) una y otra vez como Dios creó al hombre a su imagen y semejanza y en los griegos es exactamente el opuesto: ellos crearon a sus dioses a la imagen precisa de los humanos.
Los griegos fueron una civilización con creencias muy pasionales acerca de la vida y la muerte. La forma en la que presentan el "afterlife" siempre me ha fascinado. La idea de que te entierran con una moneda debajo de la lengua para que le pagues a Caronte, el barquero, o que exista un perro de tres cabezas cuidando la entrada, y que tu alma sea juzgada para ser mandada al lugar de los castigos, los campos gamonales o el Elíseo es impactante. Me emociona poder ver todo lo que creían, todo lo que sabían desde hace millones de años, y lo mucho que las siguientes civilizaciones se basaron en ellos.
He sido muy afortunada en la vida, y he tenido la oportunidad de conocer landmarks históricos y lugares increíbles. Sin embargo, sé que ir a Grecia va a ser un breakthrough en mi vida. No dudo que cuando vea el Partnenón por primera vez, se me va a salir una lagrimita de emoción por todo lo que representa para mí.
29.3.11
L
Se supone que los humanos aprendemos lecciones valiosas de nuestros errores. Es un patrón altamente predecible: la riegas, te das cuenta, le piensas y no lo vuelves a hacer. ¿Facilito, no?
Las lecciones y yo no nos entendemos. Para mí el proceso va más o menos así: la riego, me doy cuenta, le pienso, DIGO que no lo vuelvo a hacer, y tiempo después, la vuelvo a cagar igualito que antes.
A mi ma y mi abuelito les daba por ponerse discutir por cualquier cosa. Era divertido verlos pelear porque acababan diciéndose las cosas más inverosímiles del planeta, nunca se ponían de acuerdo y al final mejor hacían las paces y se comían unas galletitas Marías con nata. Una de las discusiones más recurrentes que tenían era la de si la gente puede cambiar o ya nace así y no hay vuelta de hoja.
Mi abuelo decía que había cosas con las que ya venías, que no importaba en que situación te encontraras, esas siempre iban a salir y estar presentes hasta el día que colgaras los tenis. Por otra parte, mi mamá tenía una visión bastante Ana Frank del mundo: la gente es buena de nacimiento, pero es la misma sociedad la que los moldea y los vuelve de cierta forma.
Estoy de acuerdo con mi abuelo en que hay cosas con las que te quedas hasta el final. Por más pesimista que suene, yo si estoy de acuerdo con la fracesita de "La gente no cambia" en algunos aspectos. Una persona puede cambiar y abrirle la puerta del coche a una mujer, puede dejar de comerse las uñas, puede incluso tener la perseverancia de ir al gimnasio tres veces por semana. Pero no puede dejar de mentir, por ejemplo.
Hay cosas que siempre se quedan, lecciones que no se aprenden por más veces que la riegas en esta vida. Creyendo esto pues, no me voy a conformar y decirle al mundo cada que saco mis defectos a relucir "Pues así soy y que y que y que". Voy a tratar de disminuirlo, de concentrar mis energías con cada error para que se vuelva menos. Pero no espero cambiar del todo.
A ver si esto si me funciona.
Las lecciones y yo no nos entendemos. Para mí el proceso va más o menos así: la riego, me doy cuenta, le pienso, DIGO que no lo vuelvo a hacer, y tiempo después, la vuelvo a cagar igualito que antes.
A mi ma y mi abuelito les daba por ponerse discutir por cualquier cosa. Era divertido verlos pelear porque acababan diciéndose las cosas más inverosímiles del planeta, nunca se ponían de acuerdo y al final mejor hacían las paces y se comían unas galletitas Marías con nata. Una de las discusiones más recurrentes que tenían era la de si la gente puede cambiar o ya nace así y no hay vuelta de hoja.
Mi abuelo decía que había cosas con las que ya venías, que no importaba en que situación te encontraras, esas siempre iban a salir y estar presentes hasta el día que colgaras los tenis. Por otra parte, mi mamá tenía una visión bastante Ana Frank del mundo: la gente es buena de nacimiento, pero es la misma sociedad la que los moldea y los vuelve de cierta forma.
Estoy de acuerdo con mi abuelo en que hay cosas con las que te quedas hasta el final. Por más pesimista que suene, yo si estoy de acuerdo con la fracesita de "La gente no cambia" en algunos aspectos. Una persona puede cambiar y abrirle la puerta del coche a una mujer, puede dejar de comerse las uñas, puede incluso tener la perseverancia de ir al gimnasio tres veces por semana. Pero no puede dejar de mentir, por ejemplo.
Hay cosas que siempre se quedan, lecciones que no se aprenden por más veces que la riegas en esta vida. Creyendo esto pues, no me voy a conformar y decirle al mundo cada que saco mis defectos a relucir "Pues así soy y que y que y que". Voy a tratar de disminuirlo, de concentrar mis energías con cada error para que se vuelva menos. Pero no espero cambiar del todo.
A ver si esto si me funciona.
27.3.11
K
La letra K me molesta. Entre ida y vuelta por springbreak y falta de tiempo por los mideterms, en serio no me pude poner a pensar en una entrada que girara en torno a esta maldita letra.
K…. K….. Kenia? Kioto? Kiribati? Kentucky? Kansas? Por alguna razón al pensar en la K, pienso en lugares. Ciudades, países, estados… Pero nada de lo que realmente pueda hablar o escribir que estuviera directamente relacionado conmigo. No es por nada, pero Kuala Lumpur no dice mucho de mí, y tampoco Kuwait. Así que me acordé de una conversación que tuve con una amiga de Singapur que vive en mi dormitorio y también es estudiante de periodismo. Todo se basó en el siguiente comentario:
Me molesta, pero me MOLESTA que aquí se usen las millas y no los kilómetros!!!
Y sí, me revienta que sea así. No entiendo nada de millas, de pies, de Farenheits ni de yardas. Y es el único lugar donde realmente se usan! Bueno, haciendo un rápido wikipediazo, también se usa en Bahamas y Jamaica… Anyway, por qué? A veces en serio me pregunto porque quise venir al único país que se la vuela de mamila… A los 18 puedes comprar un arma, pero no puedes entrar a un bar. ¿Me pregunto que será más peligroso?
Lo único que sé es que 32 Farenheit son 0 grados centígrados… ya de ahí más o menos le tanteo a ver que tanto estamos arriba o abajo de cero grados. Pero me sigue dando ese sentimiento de molestia…..
Después de este maravilloso rant, me pondré a pensar en palabras con L para no tardarme tanto tiempo en escribir.
K…. K….. Kenia? Kioto? Kiribati? Kentucky? Kansas? Por alguna razón al pensar en la K, pienso en lugares. Ciudades, países, estados… Pero nada de lo que realmente pueda hablar o escribir que estuviera directamente relacionado conmigo. No es por nada, pero Kuala Lumpur no dice mucho de mí, y tampoco Kuwait. Así que me acordé de una conversación que tuve con una amiga de Singapur que vive en mi dormitorio y también es estudiante de periodismo. Todo se basó en el siguiente comentario:
Me molesta, pero me MOLESTA que aquí se usen las millas y no los kilómetros!!!
Y sí, me revienta que sea así. No entiendo nada de millas, de pies, de Farenheits ni de yardas. Y es el único lugar donde realmente se usan! Bueno, haciendo un rápido wikipediazo, también se usa en Bahamas y Jamaica… Anyway, por qué? A veces en serio me pregunto porque quise venir al único país que se la vuela de mamila… A los 18 puedes comprar un arma, pero no puedes entrar a un bar. ¿Me pregunto que será más peligroso?
Lo único que sé es que 32 Farenheit son 0 grados centígrados… ya de ahí más o menos le tanteo a ver que tanto estamos arriba o abajo de cero grados. Pero me sigue dando ese sentimiento de molestia…..
Después de este maravilloso rant, me pondré a pensar en palabras con L para no tardarme tanto tiempo en escribir.
8.3.11
Por no dejar
Cuando camino a clase, cuando escribo, cuando respiro, ahí estás tú. Sólo que ya no en ese sentido romántico que alguna vez fuiste.
Ya no eres lo que eras, a pesar de que aquí estás.
Perdí la noción de ti. Ya no eres lo que eras. El problema es que eras todo.
3.3.11
J
La vida en general está llena de jaladas, pero hay veces en que la gente si me saca de mis casillas por completo. ¿A qué voy con esto?
En Indiana recientemente quieren pasar el Senate Bill 590, el cual es muy similar a la ley de Arizona y se busca "controlar" la inmigración ilegal del estado (Nota mental: como si de verdad existiera una comunidad hispana gigante en Indiana, cuya población es 96% caucásica, pero bueno… cada quien con sus jaladas).
Si este dichoso SB pasa, policías del cada county pueden detener a cualquier persona que, a su consideración, sea ilegal. En palabras más claras, si te ves hispano, te van a detener y pedirte papeles. Esto, en mi humilde opinión, lo único que va a hacer es incrementar el racismo de este estado que de por si es bastante cerradito y solo va a generar más odio, intolerancia e ignorancia. Y hay gente que lo apoya, y mucha. Me da tristeza porque a pesar de que los hispanos en general no se han hecho de una muy buena imagen en Estados Unidos, no podemos ponernos a generalizar razas. Cada individuoes diferente y se merece una oportunidad de probarle a la sociedad quien es.
Pero bueno, no empezaré con un rant de la inmigracion porque no acabo. Solo quería hablar de una jalada más, ya que últimamente me ha rodeado mucho.
28.2.11
I
Yo la riego por imbécil e impulsiva. Esos han sido mis dos mayores defectos.
La riego por imbécil porque me doy cuenta de las cosas cuando ya es muy tarde. Cuando puedo regarla sin consecuencias, me cuido. Cuando pasa al revés, así de "ya la regaste y no hay vuelta atrás", ahí voy yo, como vaca, despacito, segura de que la estoy regando pero no haciendo nada al respecto.
La riego por impulsiva porque hay veces en que no me se callar. Que digo lo primero que me viene a la cabeza sin pensar. Uso mucho el corazón y callo mucho a mi cabeza.
Hoy la regué de nuevo. Hoy fue por imbécil. Diría que de esta voy a aprender, que mañana será diferente, pero llevo repitiéndome eso desde hace 19 años.
Así que mejor ya no digo nada. Si peco de imbécil y de impulsiva, no quiero pecar también de hipócrita.
22.2.11
H
La hueva es la madre de todos los vicios, y como madre hay que respetarla.
¿Quién no ha sentido más de una vez ese sentimiento de flojera, de pereza, de hueva, en el que no quieres hacer absolutamente nada? Y ya ni siquiera es porque estás cansado o dormiste mal o acabas de correr 1 hora en la caminadora. No, solo es hueva.
La hueva y yo estamos en first-name basis; nos conocemos bastante bien. Es un sentimiento que me invade varias veces al día, cuando estoy luchando por acabar mi tarea de mate pero mi mente me dice que me ponga a ver "Dexter" online porque la verdad… que hueva.
"Hueva" es una palabra que nos ha rodeado toda la vida. En la escuela la oyes infinidad de veces, con los amigos nunca puede faltar, hasta en la casa los papás llegan a decirlas… si no con ese léxico tan fino, al menos como lo dice mi mamá: "Hoy tengo flojerita".
Yo creía que entrando a la universidad ya no iba a tener hueva, o al menos ésta iba a disminuir considerablemente. La mayoría de las veces que tenía hueva era por esas materias que no me gustaban, como biología o empresa o.. ugh, mate. Pero no, la hueva sigue presente en mí. Que si me da hueva la tarea, hueva la maestra, hueva Bloomington… Me di cuenta que soy una huevona.
Y eso esta mal.
Creo que muchas veces no exploté mi potencial porque no hacía mi más grande esfuerzo.. porque la verdad que hueva. Quiero comprometerme a dejar de ser tan huevona, pero si es difícil… Y si luego mezclo la hueva con el ocio, los resultados son todavía peor.
¿Quién no ha sentido más de una vez ese sentimiento de flojera, de pereza, de hueva, en el que no quieres hacer absolutamente nada? Y ya ni siquiera es porque estás cansado o dormiste mal o acabas de correr 1 hora en la caminadora. No, solo es hueva.
La hueva y yo estamos en first-name basis; nos conocemos bastante bien. Es un sentimiento que me invade varias veces al día, cuando estoy luchando por acabar mi tarea de mate pero mi mente me dice que me ponga a ver "Dexter" online porque la verdad… que hueva.
"Hueva" es una palabra que nos ha rodeado toda la vida. En la escuela la oyes infinidad de veces, con los amigos nunca puede faltar, hasta en la casa los papás llegan a decirlas… si no con ese léxico tan fino, al menos como lo dice mi mamá: "Hoy tengo flojerita".
Yo creía que entrando a la universidad ya no iba a tener hueva, o al menos ésta iba a disminuir considerablemente. La mayoría de las veces que tenía hueva era por esas materias que no me gustaban, como biología o empresa o.. ugh, mate. Pero no, la hueva sigue presente en mí. Que si me da hueva la tarea, hueva la maestra, hueva Bloomington… Me di cuenta que soy una huevona.
Y eso esta mal.
Creo que muchas veces no exploté mi potencial porque no hacía mi más grande esfuerzo.. porque la verdad que hueva. Quiero comprometerme a dejar de ser tan huevona, pero si es difícil… Y si luego mezclo la hueva con el ocio, los resultados son todavía peor.
20.2.11
G
Si hay una serie que me marcó en la vida (aunque esto suena muy heavy), fue Gilmore Girls, y los que me conocen bien saben que hablo en serio.
Empecé a ver esa serie (como me ha pasado con muchas cosas en la vida) gracias a mi mamá. Ella leyó que acababa de salir en WB una serie de una mamá y una hija, y la relación que llevaban. Creo que mi ma pensó que ver el programa juntas iba a hacer que "bondearamos" un poco. Pero me negué, la serie como que no me llamó. Vi un episodio (Primera temporada, Episodio 11, "Paris is burning") y me aburrió. Y así pasó un tiempo, hasta que un fin de semana pusieron un maratón de Gilmore giros. Literalmente me puse a verlo porque no había otra cosa en la tele (por más cliché que suene esto) y me enamoré.
Me enamoré de todo. El diálogo rápido e ingenioso, las referencias a libros, películas y música y cultura general que no entiendo la mayoría de veces, pero solo oírlas me hace querer saber más. Los personajes, lo desesperadamente que quería identificarme con Rory porque ella también quería ir a Harvard y amaba leer. Se me abrió el mundo.
Después vino el momento en el que pude compartir esta serie con mi mejor amiga, mi hermanita que terminó siendo mi Lane personal. Y eso hizo que amara la serie aún más. Había alguien en este mundo a quien le gustaba tanto como a mi y la entendía tanto como yo.
Debo admitirlo, la serie chafeó en las últimas 2 temporadas para mí. Y a pesar de eso, el último episodio de la última temporada me hace llorar mucho. Sentí que se me acababa algo importante. Fui creciendo con Gilmore Girls, cuando Rory aplicó a la universidad, cuando se fue, la relación con Lorelai y Emily, los personajes hermosos como Luke, Kirk, Miss Paty, Babette… Enamorarme de Dean, Luke y Jess al mismo tiempo. Todo, todito.
Puedo concluir este post de muchas formas, pero lo haré con una frase que solo alguien va a entender:
"Oy with the poodles already!"
:)
Chan chan.
Empecé a ver esa serie (como me ha pasado con muchas cosas en la vida) gracias a mi mamá. Ella leyó que acababa de salir en WB una serie de una mamá y una hija, y la relación que llevaban. Creo que mi ma pensó que ver el programa juntas iba a hacer que "bondearamos" un poco. Pero me negué, la serie como que no me llamó. Vi un episodio (Primera temporada, Episodio 11, "Paris is burning") y me aburrió. Y así pasó un tiempo, hasta que un fin de semana pusieron un maratón de Gilmore giros. Literalmente me puse a verlo porque no había otra cosa en la tele (por más cliché que suene esto) y me enamoré.
Me enamoré de todo. El diálogo rápido e ingenioso, las referencias a libros, películas y música y cultura general que no entiendo la mayoría de veces, pero solo oírlas me hace querer saber más. Los personajes, lo desesperadamente que quería identificarme con Rory porque ella también quería ir a Harvard y amaba leer. Se me abrió el mundo.
Después vino el momento en el que pude compartir esta serie con mi mejor amiga, mi hermanita que terminó siendo mi Lane personal. Y eso hizo que amara la serie aún más. Había alguien en este mundo a quien le gustaba tanto como a mi y la entendía tanto como yo.
Debo admitirlo, la serie chafeó en las últimas 2 temporadas para mí. Y a pesar de eso, el último episodio de la última temporada me hace llorar mucho. Sentí que se me acababa algo importante. Fui creciendo con Gilmore Girls, cuando Rory aplicó a la universidad, cuando se fue, la relación con Lorelai y Emily, los personajes hermosos como Luke, Kirk, Miss Paty, Babette… Enamorarme de Dean, Luke y Jess al mismo tiempo. Todo, todito.
Puedo concluir este post de muchas formas, pero lo haré con una frase que solo alguien va a entender:
"Oy with the poodles already!"
:)
Chan chan.
19.2.11
F
Mi abuelo José fumaba cigarros "Faros". Lo hizo durante 40 años, la mitad de su vida.
Nunca le pregunté porque "Faritos".
Hubo muchas cosas que nos quedamos sin decir.
Nunca le pregunté porque "Faritos".
Hubo muchas cosas que nos quedamos sin decir.
8.2.11
E
La letra E tiene una connotación muy particular en mi vida.. Pero no. No voy a hablar de eso. En su lugar, decidí escribir acerca del espacio. A qué voy con esto? Desde el 25 de agosto del 2010, tengo una compañera de cuarto y ha sido toda una experiencia. Ha tenido sus altos y bajo, como todo en la vida, pero más que nada, creo que ha sido interesante.
El semestre pasado odiaba todo. Así todo. Si hubiera sido posible odiar el aire de Indiana, me cae que lo hacía. Por desgracia en ese todo también estaba mi roomate, una chica que está estudiando periodismo como yo y viene de Illinois. Y es que simple y sencillamente no me acostumbraba a compartir ese "espacio vital" con alguien. Nunca había hecho algo parecido, siempre fue mi cuarto con mi baño en mi casa. Básicamente, mi espacio. Si, obviamente llegué a compartir cuarto con amigos, primos, etcétera, pero por un periodo de tiempo cortito y limitado. ¿Pero esto? ¿Verle la cara a una persona día tras día tras día? Fue tedioso y aterrorizante.
Para vivir con alguien de esta forma se necesitan dos palabras clave: respeto y (MUCHA) paciencia. A la hora de hacer algo siempre te tienes que preguntar si dicha actividad puede molestarla en alguna forma. Como ella tenía clase hasta las 12 del día y yo empezaba a las 8 de la mañana, era un desmadre. Sufría mis levantadas de las 7 de la mañana. Era cambiarme en un cubículo de 1x1 en el baño (el lindo baño comunal que compartimos en el piso. Unas regaderas como en club. Para mi bañarme en un lugar que no requiera de chanclas de plástico ya es un privilegio), hacer el mínimo ruido, no poder desayunar en el cuarto ni nada. Pero asi es. La moneda tiene dos caras, si yo sacrificaba algo, ella también, así que más o menos es un juego justo. Aparte, es una chica amable. Somos polos opuestos, pero es respetuosa conmigo, nunca nos hemos peleado ni discutido. Es una relación bastante cordial.
Cuando veo los desmadres que se arman en el piso, de verdad agradezco tenerla a ella como roomate. Es tranquila, no arma relajo en el cuarto, está al pendiente de mi, me da de su jugo y sus cheese sticks. Es una simbiosis agradable. Y me costó un trabajo descomunal acostumbrarme. Pero aprendí bastante de la experiencia. Hay veces en que si exploto y no puedo más y quiero mentarsela a ella y a todas las vacas de Bloomington, pero es solo a veces. Eso sí, no lo volvería a hacer. Compartir un departamento, va. Compartir un baño, sale. ¿Pero un cuarto? No, not again.
El semestre pasado odiaba todo. Así todo. Si hubiera sido posible odiar el aire de Indiana, me cae que lo hacía. Por desgracia en ese todo también estaba mi roomate, una chica que está estudiando periodismo como yo y viene de Illinois. Y es que simple y sencillamente no me acostumbraba a compartir ese "espacio vital" con alguien. Nunca había hecho algo parecido, siempre fue mi cuarto con mi baño en mi casa. Básicamente, mi espacio. Si, obviamente llegué a compartir cuarto con amigos, primos, etcétera, pero por un periodo de tiempo cortito y limitado. ¿Pero esto? ¿Verle la cara a una persona día tras día tras día? Fue tedioso y aterrorizante.
Para vivir con alguien de esta forma se necesitan dos palabras clave: respeto y (MUCHA) paciencia. A la hora de hacer algo siempre te tienes que preguntar si dicha actividad puede molestarla en alguna forma. Como ella tenía clase hasta las 12 del día y yo empezaba a las 8 de la mañana, era un desmadre. Sufría mis levantadas de las 7 de la mañana. Era cambiarme en un cubículo de 1x1 en el baño (el lindo baño comunal que compartimos en el piso. Unas regaderas como en club. Para mi bañarme en un lugar que no requiera de chanclas de plástico ya es un privilegio), hacer el mínimo ruido, no poder desayunar en el cuarto ni nada. Pero asi es. La moneda tiene dos caras, si yo sacrificaba algo, ella también, así que más o menos es un juego justo. Aparte, es una chica amable. Somos polos opuestos, pero es respetuosa conmigo, nunca nos hemos peleado ni discutido. Es una relación bastante cordial.
Cuando veo los desmadres que se arman en el piso, de verdad agradezco tenerla a ella como roomate. Es tranquila, no arma relajo en el cuarto, está al pendiente de mi, me da de su jugo y sus cheese sticks. Es una simbiosis agradable. Y me costó un trabajo descomunal acostumbrarme. Pero aprendí bastante de la experiencia. Hay veces en que si exploto y no puedo más y quiero mentarsela a ella y a todas las vacas de Bloomington, pero es solo a veces. Eso sí, no lo volvería a hacer. Compartir un departamento, va. Compartir un baño, sale. ¿Pero un cuarto? No, not again.
6.2.11
D
Hace dos semanas hice el SAT de nuevo. Esto por sí solo no tiene mucha relevancia, pero me llamó la atención una de las lecturas que ponen en la sección de Critical Reading que hablaba del dolor.
Estas dichosas lecturas siempre son una fiaca. Hablan de los monos araña, de los terremotos, la historia de las computadoras o ponen un cacho de una autobiografía de una niña que hacía galletas con su abuela. Siempre es lo mismo. Y es aburrido y tedioso y no es tanto que no le entiendas, sino que batallas para quedarte despierto mientas las lees.
Regresando al punto, creo que esta fue la única lectura de un examen estandarizado que he encontrado interesante. Hablaba al principio de como Descartes fue el primero en dar una definición concisa de lo que era el dolor físico: estímulo - - - nervios - - - cerebro - - - respuesta. Después empezaron con un rollo de como las personas tenemos diferentes "aguantes" de dolor, y que hay una prueba para medir que tanto lo toleras.
Necesitas una cubeta con agua helada. Metes tu mano y cuentas el tiempo que tarda en empezar a dolerte. Anotas el numerito. Luego el tiempo en que ya no aguantas más, y nuevamente anotas el numerito. (Nota, no se debe dejar la mano más de 120 segundos por ningún motivo).
Quiero hacer esta prueba porque soy bastante nenita en lo que a dolor se refiere y quiero confirmarlo. Mi historial médico es bastante aburrido (lo cual para mí es bueno): operaciones: cero. Fracturas: cero. Nunca he estado internada. Mi aguante de dolor físico es muy malo.
A veces me pregunto porque no puede ser lo mismo con otros tipos de dolor, porque esos si joden más. Y para esos no hay estudios, ni medicinas. Solo es aguantarte y esperar.
Estas dichosas lecturas siempre son una fiaca. Hablan de los monos araña, de los terremotos, la historia de las computadoras o ponen un cacho de una autobiografía de una niña que hacía galletas con su abuela. Siempre es lo mismo. Y es aburrido y tedioso y no es tanto que no le entiendas, sino que batallas para quedarte despierto mientas las lees.
Regresando al punto, creo que esta fue la única lectura de un examen estandarizado que he encontrado interesante. Hablaba al principio de como Descartes fue el primero en dar una definición concisa de lo que era el dolor físico: estímulo - - - nervios - - - cerebro - - - respuesta. Después empezaron con un rollo de como las personas tenemos diferentes "aguantes" de dolor, y que hay una prueba para medir que tanto lo toleras.
Necesitas una cubeta con agua helada. Metes tu mano y cuentas el tiempo que tarda en empezar a dolerte. Anotas el numerito. Luego el tiempo en que ya no aguantas más, y nuevamente anotas el numerito. (Nota, no se debe dejar la mano más de 120 segundos por ningún motivo).
Quiero hacer esta prueba porque soy bastante nenita en lo que a dolor se refiere y quiero confirmarlo. Mi historial médico es bastante aburrido (lo cual para mí es bueno): operaciones: cero. Fracturas: cero. Nunca he estado internada. Mi aguante de dolor físico es muy malo.
A veces me pregunto porque no puede ser lo mismo con otros tipos de dolor, porque esos si joden más. Y para esos no hay estudios, ni medicinas. Solo es aguantarte y esperar.
Un paréntesis
Hace demasiado frío para llorar.
No siento los dedos de las manos. Están entumidos por el aire helado que me rodea.
Supongo que los sentimientos también se entumen. El dolor, la tristeza, la soledad, la decepción. Llega un punto en que a ellos también les llega el invierno y se meten en un hueco para no salir.
Supongo que ahorita yo también estoy hibernando. Me fabriqué mi propia coraza, todo mientras aprendía a estar sola. Todo mientras me di cuenta de que fallé en algo que me importaba, que cometí un error. Todo mientras me di cuenta que no hay nada seguro en la vida, más que la muerte, diría mi abuelo. Todo mientras me daba cuenta que a la vida hay que verla pasar.
Supongo que los sentimientos también se entumen. El dolor, la tristeza, la soledad, la decepción. Llega un punto en que a ellos también les llega el invierno y se meten en un hueco para no salir.
3.2.11
C
Por random y extraño que suene, hoy voy a hablar del cabello, porque nunca había pensado que los cortes de cabello o… llamémosle cambios de estilo que he tenido en mi vida han (algunas veces) marcado el fin de varias etapas y el inicio de otras.
A excepción de mis primeros cuatro años de vida, mi cabello es lacio. Lo cual es un jueguito raro de genética porque el 99% de mis familiares (maternos y paternos) tienen el cabello ondulado. Durante toda mi infancia y casi adolescencia, llevé el cabello largo, muuuy largo, siempre peinado en dos trenzas.
Nunca me gustó el cabello lacio. Aunque ahora sé que es mucho más cómodo, de chiquita me daba hueva. No le podías hacer nada, no era divertido… Era muy plain. Pero de nuevo, es una de las grandes ironías de la vida: las lacias quieren ser chinas y las chinas quieren ser lacias. Nadie está conforme con lo que tiene, con su apariencia. Y me incluyo en esto. Sin embargo, lo chido está en que aprendas poco a poco a quererte. Sigo en ese proceso, pero creo que he avanzado muchos pasos.
Entrando a secundaria, dejé las trenzas (por obvias razones). Pero seguía siendo yo, mismo cabello, misma personalidad pasiva, mismos complejos. Siempre busqué no sobresalir, no llamar la atención y ocultarme detrás de un fleco que cubría mis ojos, detrás de un libro que me cubría la cara, o detrás de alguien simple y sencillamente para que no me vieran.
El cambio a prepa fue drástico. Dije: "Hasta aquí de abuso, no más pasividad". Saliendo del martirio que llegó a ser mi colegio, me corté el cabello. Súper cortito, como nunca me lo había cortado antes. Y me hice rayitos. Y un fleco padre y corto para que me vieran la cara. Y hablé con más fuerza que antes. Y finalmente me mostré como yo quería ser, y lo más bello fue que encontré gente que así me quería (y me quiere). En prepa me fui encontrando de a poquito. Y ahora llegamos a la universidad, donde nuevamente me cambié el cabello. Ahora lo ondulé, como siempre lo quise. Y me gusta mucho, pero mi lacio siempre va a ser mío. Nunca voy a dejar de ser yo.
2.2.11
B
Hoy voy a escribir (muy brevemente, porque IU no me permite más el día de hoy) acerca de bebés, decisión que tomé porque antier nació la hija de una prima a la que quiero con todo mi corazón. Me muero de ganas por conocer a la pequeña Valentina, que llegó al mundo el 31 de enero del 2011, gracias al cielo sana, hermosa y rechoncha.
Quisiera haber estado con mi prima en esos momentos porque esa familia de primos en especial me ha dado mucho. Me cuidaron desde chiquita, aguantaban mis berrinches y me hacían hacer más, pero sobretodo me dieron ese cariño de hermanos que tanto necesité por ser hija única.
Ultimamente la casa se ha llenado de criaturitas. Toda la generación de primos más grandes ya están en esa etapa de la vida. En Navidad estábamos hablando de eso, y uno de mis tíos me asustó bastante diciendo "Y los que siguen son los de tu generación". Que miedo! Si a duras penas me puedo cuidar sola, ya me imagino con un bebé.
Los niños y bebés en general me caen bien. Creo que soy buena niñera, me gusta convivir con ellos y hacerlos reír. Pero se siente muy raro ver que la familia crezca tan rápido. Siento que apenas fue ayer que Aidé y Sonia, dos de mis primas más grandes, me cuidaban, me obligaban a comer verduras y me ponían a ver Sailor Mon y Garfield todos los días después del kinder. Y ahora Aidé ya tiene una nena a quien cuidar. Ya es toda una adulta. Y yo ya estoy en la universidad. Y el tiempo sigue corriendo, las manecillas siguen girando.
Así que esta entrada es para mi sobrina Valentina, a quien espero conocer con ansias en marzo. Ya he tenido varios sobrinos a lo largo de estos años, pero conocer a la hija de quien fue casi casi mi hermana grande me llena de emoción.
1.2.11
A
Para esta primera entrada, podría haber empezado con algo pro e intelectualón, tipo "El Aleph" o incluso "Annie Hall" o. Pero no, empezar con ese tipo de cosas no dice mucho de mi. Prefiero iniciar este reto en mi zona de comodidad, hablando de algo que conozco y me hace sentir bien: Australia.
Pasé cinco meses en ese país, hace ya dos largos años. Quiero hablar de Australia no solo porque ha sido una de las experiencias más enriquecedoras y chidas que he tenido, sino que cada vez que leo en algún lugar la palabra "australiano" o "aussie", una sonrisa llega inevitablemente.
En Australia crecí lo que no había crecido en cinco años de adolescencia. Así de sencillo. Fue la primera vez que estuve fuera de mi casa, que entendí (a pesar de haber vivido en un ambiente muy cuidado) un poco más de lo que era la vida independiente.
Australia me ayudó a consolidarme como escritora, como lectora. A decidir que quería estudiar periodismo. Me ayudó a darme cuenta de que de verdad quería estudiar fuera, que el reto que me había puesto desde chiquita era algo que seguía queriendo.
También me hizo conocer gente que valió toda la pena del mundo: amigos que espero llevarme para toda la vida y (creo yo de lo más importante), una mentora. Esta profesora de literatura fue uno de mis más grandes regalos porque no sólo se volvió una amiga, sino que me inspiró a seguir adelante para ser escritora algún día y poco a poco me fue poniendo lucecitas a lo largo del camino para no perderme.
Le agradezco a los aussies el haberme hecho crecer. El haber cambiado mi manera de ver la vida. Nunca voy a olvidar a mi host family. Me tocó la host mom más opuesta a mí, pero las enseñanzas que me llevé de esa familia se quedan conmigo siempre.
Sally ponía todas las noches canciones de ABBA, grupo que yo detestaba con pasión. Un día, por hacer plática, le pregunté porque carambas le gustaba tanto esa porquería (con palabras más civilizadas). Me contestó: "Look, I don't know anything about music, or harmonies. I have never played any instrument and I am tone deaf. I cannot judge if ABBA makes good or bad music. I just know that everytime I listen to them, it makes me happy. And for me, that's enough".
Con este post, le agradezco a este país del otro lado del mundo el haberme dado tanto. A la gente, tanto australianos como mexicanos, que me acompañó en este viaje, doy las gracias por tenerlos en mi vida.
Recordar Australia hoy, pensando que hace dos años llegué ahí, me da tristeza, nostalgia, sentimiento. Pero los recuerdo con gusto.
Y hoy, en medio de una tormenta de hielo en Indiana, pienso en lo hermoso de la Sunny Coast, y en que algún día voy a regresar.
Pasé cinco meses en ese país, hace ya dos largos años. Quiero hablar de Australia no solo porque ha sido una de las experiencias más enriquecedoras y chidas que he tenido, sino que cada vez que leo en algún lugar la palabra "australiano" o "aussie", una sonrisa llega inevitablemente.
En Australia crecí lo que no había crecido en cinco años de adolescencia. Así de sencillo. Fue la primera vez que estuve fuera de mi casa, que entendí (a pesar de haber vivido en un ambiente muy cuidado) un poco más de lo que era la vida independiente.
Australia me ayudó a consolidarme como escritora, como lectora. A decidir que quería estudiar periodismo. Me ayudó a darme cuenta de que de verdad quería estudiar fuera, que el reto que me había puesto desde chiquita era algo que seguía queriendo.
También me hizo conocer gente que valió toda la pena del mundo: amigos que espero llevarme para toda la vida y (creo yo de lo más importante), una mentora. Esta profesora de literatura fue uno de mis más grandes regalos porque no sólo se volvió una amiga, sino que me inspiró a seguir adelante para ser escritora algún día y poco a poco me fue poniendo lucecitas a lo largo del camino para no perderme.
Le agradezco a los aussies el haberme hecho crecer. El haber cambiado mi manera de ver la vida. Nunca voy a olvidar a mi host family. Me tocó la host mom más opuesta a mí, pero las enseñanzas que me llevé de esa familia se quedan conmigo siempre.
Sally ponía todas las noches canciones de ABBA, grupo que yo detestaba con pasión. Un día, por hacer plática, le pregunté porque carambas le gustaba tanto esa porquería (con palabras más civilizadas). Me contestó: "Look, I don't know anything about music, or harmonies. I have never played any instrument and I am tone deaf. I cannot judge if ABBA makes good or bad music. I just know that everytime I listen to them, it makes me happy. And for me, that's enough".
Con este post, le agradezco a este país del otro lado del mundo el haberme dado tanto. A la gente, tanto australianos como mexicanos, que me acompañó en este viaje, doy las gracias por tenerlos en mi vida.
Recordar Australia hoy, pensando que hace dos años llegué ahí, me da tristeza, nostalgia, sentimiento. Pero los recuerdo con gusto.
Y hoy, en medio de una tormenta de hielo en Indiana, pienso en lo hermoso de la Sunny Coast, y en que algún día voy a regresar.
30.1.11
27 letras
Hablando con mi mejor amiga que tiene un blog bien bien chido (el link: aquí), me dio la idea de un reto para escribir todos los días por un mes.
Dado que febrero está a punto de empezar decidí hacer algo por el estilo, solo que con una temática un poco distinta: voy a escribir una entrada diaria basandome en una palabra que empiece con cierta letra del alfabeto. En orden. De la A a la Z. Muy al estilo Carlos Fuentes, "En esto creo".
Será como mi diccionario personal. O algo por el estilo. Pero bueno, el punto es ver que tan constante puedo ser, lo cual honestamente me preocupa.
Empiezo el 1 de febrero! Bring it!
Dado que febrero está a punto de empezar decidí hacer algo por el estilo, solo que con una temática un poco distinta: voy a escribir una entrada diaria basandome en una palabra que empiece con cierta letra del alfabeto. En orden. De la A a la Z. Muy al estilo Carlos Fuentes, "En esto creo".
Será como mi diccionario personal. O algo por el estilo. Pero bueno, el punto es ver que tan constante puedo ser, lo cual honestamente me preocupa.
Empiezo el 1 de febrero! Bring it!
28.1.11
Enlightened by Shelley
Hay libros que nunca he leído, pero me hago güey y digo que si.
Ya sé que eso no está particularmente bien, pero son historias tan contadas y tan conocidas que nunca me interesaron realmente. Drácula es un buen ejemplo. Siempre he pensado que por la popularidad de los vampiros en nuestra cultura (a pesar de que ahorita brillan y son el sueño de toda niña), no tendría porque leerlo. Bueno, esto mismo me pasó con "Frankenstein" de Mary Shelley.
Cuando vi en my syllabus de ENG-L204, Introduction to Fiction, que "Frankenstein iba a ser nuestra primera novela, me di de topes internamente. ¿Por qué nos ponen a leer algo que todo el mundo ya se sabe? Mi idea era la de todos: Frankenstein es un científico loco que crea a un monstruo enorme y verde, con cicatrices en la cara y tornillos en el cuello. Y lo mataban los habitantes de la aldea. O el monstruo los mataba a ellos. O nadie mataba a nadie. O ya no sé como creí que iba la historia, pero me dio bastante pereza empezar la novela.
Y (como es de esperarse con la introducción de esta entrada), que me llevo una sorpresota. "Frankenstein" es una novela muy interesante, que explora a fondo los dos personajes del dichoso "científico loco" y su cratura. Dato curioso: el famoso ayudante feo y chaparro, Igor, no existe. Es un invento netamente Hollywoodense.
La historia explora la ambición de un hombre por ser más, por crear cosas que el mundo no ha visto. Por llegar a sentirse Dios aunque fuera un solo día. Y esos esfuerzos traen consigo al conocido monstruo, que tampoco es como lo pintan. La criatura dista de ser idiota. Es un ser inteligente, que lee "El Paraíso Perdido" de Milton y "Las penas del joven Werther" de Goethe. Es la onda (o al menos me cae mejor que su "papá"). Y el resto de la novela (que no voy a contar) simplemente se basa en la petición del monstruo a su creador de no estar solo, de que lo acepte y lo proteja.
Para ser una historia de terror, me pareció bastante triste y dramática. Pero muy buena. La leería de nuevo.
Todo en la vida da sorpresas, y ese pensamiento me hace muy muy feliz.
Ya sé que eso no está particularmente bien, pero son historias tan contadas y tan conocidas que nunca me interesaron realmente. Drácula es un buen ejemplo. Siempre he pensado que por la popularidad de los vampiros en nuestra cultura (a pesar de que ahorita brillan y son el sueño de toda niña), no tendría porque leerlo. Bueno, esto mismo me pasó con "Frankenstein" de Mary Shelley.
Cuando vi en my syllabus de ENG-L204, Introduction to Fiction, que "Frankenstein iba a ser nuestra primera novela, me di de topes internamente. ¿Por qué nos ponen a leer algo que todo el mundo ya se sabe? Mi idea era la de todos: Frankenstein es un científico loco que crea a un monstruo enorme y verde, con cicatrices en la cara y tornillos en el cuello. Y lo mataban los habitantes de la aldea. O el monstruo los mataba a ellos. O nadie mataba a nadie. O ya no sé como creí que iba la historia, pero me dio bastante pereza empezar la novela.
Y (como es de esperarse con la introducción de esta entrada), que me llevo una sorpresota. "Frankenstein" es una novela muy interesante, que explora a fondo los dos personajes del dichoso "científico loco" y su cratura. Dato curioso: el famoso ayudante feo y chaparro, Igor, no existe. Es un invento netamente Hollywoodense.
La historia explora la ambición de un hombre por ser más, por crear cosas que el mundo no ha visto. Por llegar a sentirse Dios aunque fuera un solo día. Y esos esfuerzos traen consigo al conocido monstruo, que tampoco es como lo pintan. La criatura dista de ser idiota. Es un ser inteligente, que lee "El Paraíso Perdido" de Milton y "Las penas del joven Werther" de Goethe. Es la onda (o al menos me cae mejor que su "papá"). Y el resto de la novela (que no voy a contar) simplemente se basa en la petición del monstruo a su creador de no estar solo, de que lo acepte y lo proteja.
Para ser una historia de terror, me pareció bastante triste y dramática. Pero muy buena. La leería de nuevo.
Todo en la vida da sorpresas, y ese pensamiento me hace muy muy feliz.
14.1.11
Como conejillo de Indias
Me he forzado a acostumbrarme a estar sola. Es un concepto al que no estoy muy acostumbrada que digamos. Toda la vida he ido del tingo al tango con mi mamá, y en prepa fui muy… afortunada? No sé si esa es la palabra, pero estuve pegada día tras día por tres años con la misma gente. De cierta forma fue bueno porque conocí gente maravillosa, a la que le tengo todo el cariño del mundo, pero a la vez me mal acostumbró a siempre tener a alguien. Si no era Chana, pues Juana sería, pero de alguna forma nunca me vi sola.
Llegando acá el semestre pasado no me di tan en la madre porque encontré a Laura. Pasé con ella casi todos los días de cuatro meses, y forjamos una amistad muy bonita que espero conservemos. Pero de repente llegó enero… y pum! Que me doy cuenta que estoy algo sola. Creo que justo por tener a Laura, el semestre pasado me cerré un poco a conocer más gente. Tenía una gran amiga, con la que me entendía perfectamente y disfrutaba pasar tiempo con ella. Además de eso, me enfrenté a la forma de ser americana.
Como ya mencioné, a los gringos no les gusta mucho relacionarse. Son muy cautos, les gustan las pláticas de pasillo pero hasta ahí. Es difícil que formen relaciones profundas o que las cultiven. Mucha de la gente de mi dorm (como la gran mayoría son de Indiana) llegaron a la universidad con sus amigos de high school o de su hometown, y los demás por lo general se empezaron a llevar con sus roomates. Pero entablar nuevas relaciones… Es un concepto diferente para ellos. Creo que no soy la mejor de las amigas, pero le echo ganas a las cosas. Trato de… cultivar, pues, la amistad. Ver a la gente seguido, comer con ellos, hacer cosas. Lo que sea, siempre y cuando me permita conocer a alguien más y pasar más tiempo con ellos. En pocas palabras, soy un poco lo opuesto.
Ha sido difícil, pero estoy haciendo el esfuerzo. Tengo algunos.. Amigos? Conocidos? con los que paso tiempo. Es interesante este nuevo sistema. A ver que tanto me puedo acostumbrar; me siento como en un experimento medio raro. Solo espero que sea un experimento que salga bien, porque si no…
Llegando acá el semestre pasado no me di tan en la madre porque encontré a Laura. Pasé con ella casi todos los días de cuatro meses, y forjamos una amistad muy bonita que espero conservemos. Pero de repente llegó enero… y pum! Que me doy cuenta que estoy algo sola. Creo que justo por tener a Laura, el semestre pasado me cerré un poco a conocer más gente. Tenía una gran amiga, con la que me entendía perfectamente y disfrutaba pasar tiempo con ella. Además de eso, me enfrenté a la forma de ser americana.
Como ya mencioné, a los gringos no les gusta mucho relacionarse. Son muy cautos, les gustan las pláticas de pasillo pero hasta ahí. Es difícil que formen relaciones profundas o que las cultiven. Mucha de la gente de mi dorm (como la gran mayoría son de Indiana) llegaron a la universidad con sus amigos de high school o de su hometown, y los demás por lo general se empezaron a llevar con sus roomates. Pero entablar nuevas relaciones… Es un concepto diferente para ellos. Creo que no soy la mejor de las amigas, pero le echo ganas a las cosas. Trato de… cultivar, pues, la amistad. Ver a la gente seguido, comer con ellos, hacer cosas. Lo que sea, siempre y cuando me permita conocer a alguien más y pasar más tiempo con ellos. En pocas palabras, soy un poco lo opuesto.
Ha sido difícil, pero estoy haciendo el esfuerzo. Tengo algunos.. Amigos? Conocidos? con los que paso tiempo. Es interesante este nuevo sistema. A ver que tanto me puedo acostumbrar; me siento como en un experimento medio raro. Solo espero que sea un experimento que salga bien, porque si no…
12.1.11
Es que... no se que
Hoy veo Bloomington con otros ojos. Fue como si en el avión de camino me hubiera puesto unos lentes y al aterrizar, me di cuenta de que todo era diferente. Si de algo estoy segura es de que soy una persona sumamente terca, y eso muchas veces llega a cegarme. Creo que el semestre pasado me cerré, me bloquee a muchas cosas y me metí en la cabeza ideas de las que nadie me podía sacar.
Tengo que aceptarlo, la escuela me encanta. Las clases son increíbles, los maestros son de lo mejor, y para mi estar aquí es un goce académico muy grande. Es una escuela que de verdad se enfoca en lo que yo quiero hacer, que te lleva poco a poco a ser un buen periodista. Y hoy, por primera vez desde el 16 de agosto del 2010 que estoy aquí, dudé. Estaba muy segura de que me quería ir de aquí, un rancho del Midwest en medio de la nada. Y ahora como que dudo. A ver que sale. A ver que pasa.
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