Los americanos son buenísimos para el small talk, pero nada más. Les encanta el chit-chat, el gossip, el murmullo, pero cuando se trata de entablar relaciones más duraderas o hablar de cosas más profundas… pues digamos que no tanto.
¿A qué quiero llegar con esto? A varias chicas de mi dormitorio las conozco de vista, o crucé dos que tres palabras los primeros días, pero solo eran eso: simples palabras. Que si me está gustando EU, que si tengo novio, que si la comida, el frío, que si México es un desierto… cosas bastante superficiales, la verdad. Pero ayer me pasó algo chistoso que me hizo rectificar mi idea.
Hay una chica que es bastante ruidosa, y casi todos saben quien es. Para fines prácticos, llamémosle Juanita. Ayer me encontré a Juanita en la cafetería, mientras tomaba mi rutinario desayuno de melón con yogurt y granola. Cabe mencionar que las únicas veces que he hablado con Juanita fue porque ella me comentó que también estaba en una long-distance relationship con su güey. Juanita se acercó a mí solo para contarme que dos chicas del dorm tuvieron problemas. La roomate de una acuso a la otra de hacer una fiesta en el cuarto (con alcohol, obviamente) y se está armando el despapaye.
Yo escuché atentamente la crónica de Juanita, junto con sus comentarios de "Que perra es, no crees?" o "Yo creo que nadie debería de hablarle por habernos acusado". Mientras Juanita seguía contando, yo pensé "Esta mujer jamás me ha hablado de nada en el elevador, o en el laundry room, o en el pasillo, para fines prácticos!". Mi "bonding" con ella se dio exclusivamente porque había un chisme en el dormitorio del que me tenía que enterar para que todos odiaran y "bullearan" a la "chismosa" que los acusó a todos.
A mí estos chismes ni me van ni me vienen. Tengo ese cromosoma XX que me hace leer People Magazing y Vanidades, pero nada más. No soy partícipe de suficientes actividades grupales del dorm como para que me importe. Puedo quejarme con ellas de las clases, de clima, hablar de como se tardan las secadoras o de si fui de shopping el domingo. Pero nada más. Tratar de hablarles de algo sustancioso es como darte de topes contra la pared. Una de dos, o no lo entienden o no les importa. Y no se a cual de las dos le voy, la verdad.
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