"Al andar se hace camino
y al volver la vista atrás
se ve la senda que nunca
se ha de volver a pisar.
Caminante, son tus huellas
el camino y nada más".

Antonio Machado

28.2.11

I

Yo la riego por imbécil e impulsiva. Esos han sido mis dos mayores defectos.

La riego por imbécil porque me doy cuenta de las cosas cuando ya es muy tarde. Cuando puedo regarla sin consecuencias, me cuido. Cuando pasa al revés, así de "ya la regaste y no hay vuelta atrás", ahí voy yo, como vaca, despacito, segura de que la estoy regando pero no haciendo nada al respecto.

La riego por impulsiva porque hay veces en que no me se callar. Que digo lo primero que me viene a la cabeza sin pensar. Uso mucho el corazón y callo mucho a mi cabeza.

Hoy la regué de nuevo. Hoy fue por imbécil. Diría que de esta voy a aprender, que mañana será diferente, pero llevo repitiéndome eso desde hace 19 años.

Así que mejor ya no digo nada. Si peco de imbécil y de impulsiva, no quiero pecar también de hipócrita.

22.2.11

H

La hueva es la madre de todos los vicios, y como madre hay que respetarla.


¿Quién no ha sentido más de una vez ese sentimiento de flojera, de pereza, de hueva, en el que no quieres hacer absolutamente nada? Y ya ni siquiera es porque estás cansado o dormiste mal o acabas de correr 1 hora en la caminadora. No, solo es hueva.


La hueva y yo estamos en first-name basis; nos conocemos bastante bien. Es un sentimiento que me invade varias veces al día, cuando estoy luchando por acabar mi tarea de mate pero mi mente me dice que me ponga a ver "Dexter" online porque la verdad… que hueva.


"Hueva" es una palabra que nos ha rodeado toda la vida. En la escuela la oyes infinidad de veces, con los amigos nunca puede faltar, hasta en la casa los papás llegan a decirlas… si no con ese léxico tan fino, al menos como lo dice mi mamá: "Hoy tengo flojerita".


Yo creía que entrando a la universidad ya no iba a tener hueva, o al menos ésta iba a disminuir considerablemente. La mayoría de las veces que tenía hueva era por esas materias que no me gustaban, como biología o empresa o.. ugh, mate. Pero no, la hueva sigue presente en mí. Que si me da hueva la tarea, hueva la maestra, hueva Bloomington… Me di cuenta que soy una huevona.


Y eso esta mal.


Creo que muchas veces no exploté mi potencial porque no hacía mi más grande esfuerzo.. porque la verdad que hueva. Quiero comprometerme a dejar de ser tan huevona, pero si es difícil… Y si luego mezclo la hueva con el ocio, los resultados son todavía peor.

20.2.11

G

Si hay una serie que me marcó en la vida (aunque esto suena muy heavy), fue Gilmore Girls, y los que me conocen bien saben que hablo en serio.

Empecé a ver esa serie (como me ha pasado con muchas cosas en la vida) gracias a mi mamá. Ella leyó que acababa de salir en WB una serie de una mamá y una hija, y la relación que llevaban. Creo que mi ma pensó que ver el programa juntas iba a hacer que "bondearamos" un poco. Pero me negué, la serie como que no me llamó. Vi un episodio (Primera temporada, Episodio 11, "Paris is burning") y me aburrió. Y así pasó un tiempo, hasta que un fin de semana pusieron un maratón de Gilmore giros. Literalmente me puse a verlo porque no había otra cosa en la tele (por más cliché que suene esto) y me enamoré.

Me enamoré de todo. El diálogo rápido e ingenioso, las referencias a libros, películas y música y cultura general que no entiendo la mayoría de veces, pero solo oírlas me hace querer saber más. Los personajes, lo desesperadamente que quería identificarme con Rory porque ella también quería ir a Harvard y amaba leer. Se me abrió el mundo.

Después vino el momento en el que pude compartir esta serie con mi mejor amiga, mi hermanita que terminó siendo mi Lane personal. Y eso hizo que amara la serie aún más. Había alguien en este mundo a quien le gustaba tanto como a mi y la entendía tanto como yo.

Debo admitirlo, la serie chafeó en las últimas 2 temporadas para mí. Y a pesar de eso, el último episodio de la última temporada me hace llorar mucho. Sentí que se me acababa algo importante. Fui creciendo con Gilmore Girls, cuando Rory aplicó a la universidad, cuando se fue, la relación con Lorelai y Emily, los personajes hermosos como Luke, Kirk, Miss Paty, Babette… Enamorarme de Dean, Luke y Jess al mismo tiempo. Todo, todito.

Puedo concluir este post de muchas formas, pero lo haré con una frase que solo alguien va a entender:

"Oy with the poodles already!"

:)

Chan chan.

19.2.11

F

Mi abuelo José fumaba cigarros "Faros". Lo hizo durante 40 años, la mitad de su vida.

Nunca le pregunté porque "Faritos".

Hubo muchas cosas que nos quedamos sin decir.

8.2.11

E

La letra E tiene una connotación muy particular en mi vida.. Pero no. No voy a hablar de eso. En su lugar, decidí escribir acerca del espacio. A qué voy con esto? Desde el 25 de agosto del 2010, tengo una compañera de cuarto y ha sido toda una experiencia. Ha tenido sus altos y bajo, como todo en la vida, pero más que nada, creo que ha sido interesante.

El semestre pasado odiaba todo. Así todo. Si hubiera sido posible odiar el aire de Indiana, me cae que lo hacía. Por desgracia en ese todo también estaba mi roomate, una chica que está estudiando periodismo como yo y viene de Illinois. Y es que simple y sencillamente no me acostumbraba a compartir ese "espacio vital" con alguien. Nunca había hecho algo parecido, siempre fue mi cuarto con mi baño en mi casa. Básicamente, mi espacio. Si, obviamente llegué a compartir cuarto con amigos, primos, etcétera, pero por un periodo de tiempo cortito y limitado. ¿Pero esto? ¿Verle la cara a una persona día tras día tras día? Fue tedioso y aterrorizante.

Para vivir con alguien de esta forma se necesitan dos palabras clave: respeto y (MUCHA) paciencia. A la hora de hacer algo siempre te tienes que preguntar si dicha actividad puede molestarla en alguna forma. Como ella tenía clase hasta las 12 del día y yo empezaba a las 8 de la mañana, era un desmadre. Sufría mis levantadas de las 7 de la mañana. Era cambiarme en un cubículo de 1x1 en el baño (el lindo baño comunal que compartimos en el piso. Unas regaderas como en club. Para mi bañarme en un lugar que no requiera de chanclas de plástico ya es un privilegio), hacer el mínimo ruido, no poder desayunar en el cuarto ni nada. Pero asi es. La moneda tiene dos caras, si yo sacrificaba algo, ella también, así que más o menos es un juego justo. Aparte, es una chica amable. Somos polos opuestos, pero es respetuosa conmigo, nunca nos hemos peleado ni discutido. Es una relación bastante cordial.

Cuando veo los desmadres que se arman en el piso, de verdad agradezco tenerla a ella como roomate. Es tranquila, no arma relajo en el cuarto, está al pendiente de mi, me da de su jugo y sus cheese sticks. Es una simbiosis agradable. Y me costó un trabajo descomunal acostumbrarme. Pero aprendí bastante de la experiencia. Hay veces en que si exploto y no puedo más y quiero mentarsela a ella y a todas las vacas de Bloomington, pero es solo a veces. Eso sí, no lo volvería a hacer. Compartir un departamento, va. Compartir un baño, sale. ¿Pero un cuarto? No, not again.

6.2.11

D

Hace dos semanas hice el SAT de nuevo. Esto por sí solo no tiene mucha relevancia, pero me llamó la atención una de las lecturas que ponen en la sección de Critical Reading que hablaba del dolor.

Estas dichosas lecturas siempre son una fiaca. Hablan de los monos araña, de los terremotos, la historia de las computadoras o ponen un cacho de una autobiografía de una niña que hacía galletas con su abuela. Siempre es lo mismo. Y es aburrido y tedioso y no es tanto que no le entiendas, sino que batallas para quedarte despierto mientas las lees.

Regresando al punto, creo que esta fue la única lectura de un examen estandarizado que he encontrado interesante. Hablaba al principio de como Descartes fue el primero en dar una definición concisa de lo que era el dolor físico: estímulo - - - nervios - - - cerebro - - - respuesta. Después empezaron con un rollo de como las personas tenemos diferentes "aguantes" de dolor, y que hay una prueba para medir que tanto lo toleras.

Necesitas una cubeta con agua helada. Metes tu mano y cuentas el tiempo que tarda en empezar a dolerte. Anotas el numerito. Luego el tiempo en que ya no aguantas más, y nuevamente anotas el numerito. (Nota, no se debe dejar la mano más de 120 segundos por ningún motivo).

Quiero hacer esta prueba porque soy bastante nenita en lo que a dolor se refiere y quiero confirmarlo. Mi historial médico es bastante aburrido (lo cual para mí es bueno): operaciones: cero. Fracturas: cero. Nunca he estado internada. Mi aguante de dolor físico es muy malo.

A veces me pregunto porque no puede ser lo mismo con otros tipos de dolor, porque esos si joden más. Y para esos no hay estudios, ni medicinas. Solo es aguantarte y esperar.

Un paréntesis

Hace demasiado frío para llorar.
 
No siento los dedos de las manos. Están entumidos por el aire helado que me rodea.
Supongo que los sentimientos también se entumen. El dolor, la tristeza, la soledad, la decepción. Llega un punto en que a ellos también les llega el invierno y se meten en un hueco para no salir.
 
Supongo que ahorita yo también estoy hibernando. Me fabriqué mi propia coraza, todo mientras aprendía a estar sola. Todo mientras me di cuenta de que fallé en algo que me importaba, que cometí un error. Todo mientras me di cuenta que no hay nada seguro en la vida, más que la muerte, diría mi abuelo. Todo mientras me daba cuenta que a la vida hay que verla pasar.

3.2.11

C

Por random y extraño que suene, hoy voy a hablar del cabello, porque nunca había pensado que los cortes de cabello o… llamémosle cambios de estilo que he tenido en mi vida han (algunas veces) marcado el fin de varias etapas y el inicio de otras.

A excepción de mis primeros cuatro años de vida, mi cabello es lacio. Lo cual es un jueguito raro de genética porque el 99% de mis familiares (maternos y paternos) tienen el cabello ondulado. Durante toda mi infancia y casi adolescencia, llevé el cabello largo, muuuy largo, siempre peinado en dos trenzas.

Nunca me gustó el cabello lacio. Aunque ahora sé que es mucho más cómodo, de chiquita me daba hueva. No le podías hacer nada, no era divertido… Era muy plain. Pero de nuevo, es una de las grandes ironías de la vida: las lacias quieren ser chinas y las chinas quieren ser lacias. Nadie está conforme con lo que tiene, con su apariencia. Y me incluyo en esto. Sin embargo, lo chido está en que aprendas poco a poco a quererte. Sigo en ese proceso, pero creo que he avanzado muchos pasos.

Entrando a secundaria, dejé las trenzas (por obvias razones). Pero seguía siendo yo, mismo cabello, misma personalidad pasiva, mismos complejos. Siempre busqué no sobresalir, no llamar la atención y ocultarme detrás de un fleco que cubría mis ojos, detrás de un libro que me cubría la cara, o detrás de alguien simple y sencillamente para que no me vieran.

El cambio a prepa fue drástico. Dije: "Hasta aquí de abuso, no más pasividad". Saliendo del martirio que llegó a ser mi colegio, me corté el cabello. Súper cortito, como nunca me lo había cortado antes. Y me hice rayitos. Y un fleco padre y corto para que me vieran la cara. Y hablé con más fuerza que antes. Y finalmente me mostré como yo quería ser, y lo más bello fue que encontré gente que así me quería (y me quiere). En prepa me fui encontrando de a poquito. Y ahora llegamos a la universidad, donde nuevamente me cambié el cabello. Ahora lo ondulé, como siempre lo quise. Y me gusta mucho, pero mi lacio siempre va a ser mío. Nunca voy a dejar de ser yo.

2.2.11

B

Hoy voy a escribir (muy brevemente, porque IU no me permite más el día de hoy) acerca de bebés, decisión que tomé porque antier nació la hija de una prima a la que quiero con todo mi corazón. Me muero de ganas por conocer a la pequeña Valentina, que llegó al mundo el 31 de enero del 2011, gracias al cielo sana, hermosa y rechoncha.

Quisiera haber estado con mi prima en esos momentos porque esa familia de primos en especial me ha dado mucho. Me cuidaron desde chiquita, aguantaban mis berrinches y me hacían hacer más, pero sobretodo me dieron ese cariño de hermanos que tanto necesité por ser hija única.

Ultimamente la casa se ha llenado de criaturitas. Toda la generación de primos más grandes ya están en esa etapa de la vida. En Navidad estábamos hablando de eso, y uno de mis tíos me asustó bastante diciendo "Y los que siguen son los de tu generación". Que miedo! Si a duras penas me puedo cuidar sola, ya me imagino con un bebé.

Los niños y bebés en general me caen bien. Creo que soy buena niñera, me gusta convivir con ellos y hacerlos reír. Pero se siente muy raro ver que la familia crezca tan rápido. Siento que apenas fue ayer que Aidé y Sonia, dos de mis primas más grandes, me cuidaban, me obligaban a comer verduras y me ponían a ver Sailor Mon y Garfield todos los días después del kinder. Y ahora Aidé ya tiene una nena a quien cuidar. Ya es toda una adulta. Y yo ya estoy en la universidad. Y el tiempo sigue corriendo, las manecillas siguen girando.

Así que esta entrada es para mi sobrina Valentina, a quien espero conocer con ansias en marzo. Ya he tenido varios sobrinos a lo largo de estos años, pero conocer a la hija de quien fue casi casi mi hermana grande me llena de emoción.

1.2.11

A

Para esta primera entrada, podría haber empezado con algo pro e intelectualón, tipo "El Aleph" o incluso "Annie Hall" o. Pero no, empezar con ese tipo de cosas no dice mucho de mi. Prefiero iniciar este reto en mi zona de comodidad, hablando de algo que conozco y me hace sentir bien: Australia.

Pasé cinco meses en ese país, hace ya dos largos años. Quiero hablar de Australia no solo porque ha sido una de las experiencias más enriquecedoras y chidas que he tenido, sino que cada vez que leo en algún lugar la palabra "australiano" o "aussie", una sonrisa llega inevitablemente.

En Australia crecí lo que no había crecido en cinco años de adolescencia. Así de sencillo. Fue la primera vez que estuve fuera de mi casa, que entendí (a pesar de haber vivido en un ambiente muy cuidado) un poco más de lo que era la vida independiente.

Australia me ayudó a consolidarme como escritora, como lectora. A decidir que quería estudiar periodismo. Me ayudó a darme cuenta de que de verdad quería estudiar fuera, que el reto que me había puesto desde chiquita era algo que seguía queriendo.

También me hizo conocer gente que valió toda la pena del mundo: amigos que espero llevarme para toda la vida y (creo yo de lo más importante), una mentora. Esta profesora de literatura fue uno de mis más grandes regalos porque no sólo se volvió una amiga, sino que me inspiró a seguir adelante para ser escritora algún día y poco a poco me fue poniendo lucecitas a lo largo del camino para no perderme.

Le agradezco a los aussies el haberme hecho crecer. El haber cambiado mi manera de ver la vida. Nunca voy a olvidar a mi host family. Me tocó la host mom más opuesta a mí, pero las enseñanzas que me llevé de esa familia se quedan conmigo siempre.

Sally ponía todas las noches canciones de ABBA, grupo que yo detestaba con pasión. Un día, por hacer plática, le pregunté porque carambas le gustaba tanto esa porquería (con palabras más civilizadas). Me contestó: "Look, I don't know anything about music, or harmonies. I have never played any instrument and I am tone deaf. I cannot judge if ABBA makes good or bad music. I just know that everytime I listen to them, it makes me happy. And for me, that's enough".

Con este post, le agradezco a este país del otro lado del mundo el haberme dado tanto. A la gente, tanto australianos como mexicanos, que me acompañó en este viaje, doy las gracias por tenerlos en mi vida.

Recordar Australia hoy, pensando que hace dos años llegué ahí, me da tristeza, nostalgia, sentimiento. Pero los recuerdo con gusto.



Y hoy, en medio de una tormenta de hielo en Indiana, pienso en lo hermoso de la Sunny Coast, y en que algún día voy a regresar.